¿Qué sentido tiene recibir el cuerpo de nuestro bebé para enterrarlo o incinerarlo?
Amar hasta el final y acogerlo en la familia
Enterrar o incinerar a vuestro bebé puede parecer a veces un modo de alargar el dolor que estáis viviendo al saber que vuestro bebé ha fallecido. Ver a vuestro bebé, sostenerlo, despedirlo, velarlo, enterrarlo… parece que solo extenderá el sufrimiento. Sin embargo, recuperar el cuerpo de vuestro bebé no agrava la herida: permite darle espacio a esto que ha ocurrido, cuidar a vuestro bebé hasta el final, acompañarlo, reconocer su dignidad… ya que taparlo puede ser a la larga más doloroso: “Vivir esta situación de esta manera y con este acompañamiento ha sido sanador” (Patricia y Javier, padres de Moisés).
En la página de inicio podéis ver los pasos que seguimos en esta despedida y entrega de vuestro bebé. Son pasos que pueden ayudar a descubrir el amor y la dulzura en el dolor. Para integrarlo en la familia y reconocer su vida, os animamos también a ponerle nombre.
✨Como María y José que, admirados y desconcertados al mismo tiempo con todo lo ocurrido, recibieron al niño y le pusieron su nombre, acogiéndolo en su historia y en su familia: “Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. (…) Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción” (Lc 2, 16-21).
Celebrar su vida, su dignidad y su presencia para siempre
La vida en la Tierra de vuestro/a hijo/a, aunque haya sido breve, no ha sido insignificante. Una madre compartía un día en el entierro de su hija que se cuestionaba cuánto tiempo es justo vivir, y acabó concluyendo que no se trata de cuánto tiempo vivimos, sino de vivir en plenitud; si la plenitud es amar y ser amados, su hija había vivido la vida más plena que existía: solo había conocido el amor. Cuando podemos hacernos cargo del cuerpo de alguien que amamos, también celebramos que ha sido amado hasta el final y la dignidad de su vida.
Al igual que no es insignificante la breve vida de vuestro/a hijo/a, tampoco es insignificante todo lo que vais a continuar viviendo con él/ella de otra manera a la esperada. Vuestro bebé sigue presente y es parte de vuestra familia. Por eso, os invitamos a recibirlo, despedirlo reconociendo su dignidad, buscar un lugar sagrado para su cuerpo y empezar un camino nuevo con este/a hijo/a, que ya es parte de vosotros. Podéis hacerlo acompañados de todos los que consideréis, y de este modo experimentar en medio del dolor también el amor y la compañía.
“El cuerpo de este hijo, aunque sea de seis milímetros, merece cristiana sepultura como habría hecho con cualquiera de mis otros hijos y merece tener un lugar en nuestra familia, contar con él y ser recordado” (María Ángeles y Jacobo, padres de Rafael).
Esto es lo que os invitamos a vivir tanto en el entierro/incineración de vuestro bebé como en la celebración opcional que os proponemos compartir después de haber recibido su cuerpo; es sencilla, pero llena de sentido. Tratamos de preparar todo con un cuidado y una belleza que permitan mirar más allá de la muerte y celebrar la vida. Son gestos que, aunque breves, abren una luz en medio del desgarro. No hacen que duela menos lo que estáis viviendo, pero permiten acompañar con belleza, ternura y amor el dolor. Con el tiempo, el dolor se puede acabar recordando con ternura y paz, así como con la compañía de todos aquellos que queráis que estén con vosotros en ese día.
✨Celebrar su vida y acogida en el Cielo
Desde la fe, creemos que vuestro bebé recibe el abrazo de la misericordia infinita. Esta despedida, aunque dolorosa, es también un acto de entrega confiada. El alma de vuestro/a hijo/a ha sido acogida en la Paz perfecta del Padre. A veces el momento del entierro puede sentirse como una separación definitiva, un dolor profundo que solo habla de ruptura, pero esta separación es como un nuevo parto, es dar a luz a vuestro bebé al Cielo, permitir y acompañar que su vida continúe toda la eternidad en el Cielo, intercediendo en la Tierra. Por eso os proponemos una celebración que tiene la Iglesia en la que todo el Cielo y la Tierra se unen por vuestro bebé: podéis leer más en la pregunta “¿Cómo es la celebración católica?”.
Dejar ir el cuerpo de nuestro/a hijo/a, confiándolo a la misericordia de Dios, puede abrirnos a una relación nueva con él/ella. Os animamos a recibir, acoger y despedir el cuerpo de vuestro/a hijo/a hasta el Cielo, para vivir lo que está ocurriendo, que no solo es el nacimiento de vuestro bebé, sino también la vida y el amor que triunfan sobre la muerte.
Vuestro/a hijo/a comienza una misión única, nadie más podría realizar la misma. Y habrá tiempo para ir descubriéndola. De momento, ya ha cumplido una gran misión: ser instrumento de amor y poner la mirada de muchos en el Cielo, muchas veces la de sus propios padres, como nos cuenta Patricia, pero su misión nunca acaba, y vosotros podéis acompañarle en ella. Es caminar hacia la plenitud de vuestra vocación de padres. Las palabras del anciano Simeón sobre Jesús niño se cumplen hoy, nuevamente, en vuestro bebé:
“Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel’. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño” (Lc 2, 28-33).
¿Y si, como padres, tenemos dudas sobre dejar su cuerpo en el hospital o recibirlo?
Por ley, siempre podéis recuperar a vuestro bebé independientemente de su edad gestacional si así lo deseáis. En España, se debe hacer por mediación de una funeraria. Por el dolor o el miedo podemos mirar hacia otro lado, y es natural si os pasa esto. Pero os proponemos algo distinto: recibir el cuerpo de vuestro bebé. Puede ser muy sanador abrazar este dolor con amor, acompañados, detenerse en esto que ha acontecido, en la realidad… “Era justo lo que queríamos: poder celebrar una despedida en plenas condiciones, sin morfina, con consciencia, acompañados de nuestras familias, amigos, nuestros compañeros de trabajo, que habían vivido con nosotros todos nuestros embarazos” (Beatriz y Víctor, padres de Rubén, David y Jorge).
Es decir, parar, mirar sin miedo, y no pasar por alto lo que ha sucedido. Darle espacio a este dolor no va a hacer que os invada sin más, sino que es también darle espacio a este amor por vuestro/a hijo/a. Sería acompañarlo/a hasta el final como acto de amor profundo y humano, como una de las muchas maneras de entregar todo ese amor que deseabais darle, y puede ayudaros a descansar, a integrar lo ocurrido y a cuidar de vuestro/a hijo/a hasta el final, aunque de un modo distinto al que esperabais, pero también de un modo nuevo que iréis descubriendo. “Pasar por el proceso, vivirlo juntos, se trata de permitirte vivirlo. No negarlo o hacer como que no ha existido nos ha ayudado y confirmado que todo estuvo ordenado y bien en su tiempo” (María y Víctor, padres de Francisca Uchechuckwu).
