¿Cómo es la celebración católica?
La celebración católica: la Madre Iglesia que nos acompaña
La despedida y la celebración de la vida de vuestro/a hijo/a y de su entrada en el Cielo es un acto de profunda fe y esperanza. Es un momento en el que la Iglesia y todos los que os quieren y quieren a vuestro/a hijo/a pueden unirse para confiar al Señor su alma. A través de la oración, la liturgia y el ritual de exequias, se expresa la confianza en la misericordia de Dios y en la promesa de vida eterna para vuestro bebé. Es una celebración en la que vosotros, como padres, dais un paso de confianza, ya que lo más probable es que en tan poquitos días aún no podáis sentir con alegría esta celebración; sin embargo, esta celebración también reúne la Pascua que el paso de vuestro bebé supone para vosotros: la muerte, el descenso hasta nuestro infierno y la Resurrección con una paternidad y maternidad nuevas.
“Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel’. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño” (Lc 2, 28-33).
Esto es lo que celebramos, que la vida de vuestro bebé no ha terminado, no ha desaparecido, sino que continúa para siempre al lado de Dios y, desde Dios, con vosotros, como luz de las naciones y gloria de su pueblo. Vuestro/a hijo/a vive ya con Dios, y en Dios con vosotros, a la espera de que también resucite su cuerpo, el cual es custodiado hasta que llegue el día de la promesa: estar en cuerpo y alma junto al Señor y los que amamos. Cuando este día llegue, y resucitemos en nuestro cuerpo, será el día también en el que se podrán unir de nuevo físicamente la familia y podréis abrazar a vuestro/a hijo/a. Y confiamos y esperamos en esta promesa.
“Al ir al cementerio se nos hizo presente la verdad de la resurrección. Es un dormitorio en el que descansa el cuerpo de Miguel hasta que nos volvamos a encontrar en la vida eterna. Hemos rezado e integrado la realidad de la muerte en la familia” (Vanessa y Javier, padres de Miguel).
La Iglesia, en su amor y compasión de Madre, acompaña a la familia en este momento tan doloroso de despedirse en la Tierra, abriendo la puerta al consuelo y la esperanza.
Ritual de exequias para bebés que han fallecido antes o poco después de nacer. ¿En qué consiste?
La Iglesia Católica reconoce el dolor propio del fallecimiento de vuestro bebé, y acoge este caso particular en su liturgia. El ritual de exequias no es una celebración general para cualquier fallecimiento. En el caso de vuestro bebé, la Iglesia ofrece un ritual de exequias adaptado para acompañar a los padres y familiares en este dolor y para celebrar la entrada en el Cielo de este bebé. Toda la Iglesia del Cielo y de la Tierra os acompañan en este momento.
“Lo vivido ese día lo resumo así: no es lo mismo que todo el mundo (creyente y no creyente) nos diga que tenemos un angelito en el cielo a que la Iglesia por medio de una liturgia preciosa y cuidada nos confirme que nuestro hijo está en presencia de Dios y que intercede por nosotros. Fue crucial y un gran consuelo para nosotros vivirlo de esa manera. Desde ese día fue como dar la vuelta a un calcetín para mi marido y para mí en cómo vivimos el no tener a Rafael físicamente a nuestro lado” (María Ángeles y Jacobo, padres de Rafael).
Primero, cuando os llevamos a vuestro/a hijo/a en el coche, ya preparado y depositado en su cajita, todos los invitados a esta celebración junto con el sacerdote pueden acompañar a los padres hasta el coche para recibir la cajita en la que descansa su bebé o esperar en el atrio de la iglesia. En este momento, el sacerdote acoge a todos los presentes y se inicia la entrada en la capilla/parroquia. Este movimiento hacia la capilla/parroquia simboliza la entrada en el Cielo de vuestro bebé, ya que la iglesia es signo de la Jerusalén Celestial.
Una vez dentro, comienza la liturgia de la Palabra (también puede haber eucaristía si el sacerdote pudiera y vosotros lo preferís). Esta liturgia incluye las lecturas bíblicas que habréis escogido para este momento. La Palabra da una luz a lo que está ocurriendo y es una puerta para que, tanto vosotros como quienes os acompañan, puedan abrirse al consuelo y a una gran esperanza que va más allá de lo que percibimos. A esto le seguirá la homilía del sacerdote.
A continuación, se presentarán a Dios peticiones que también se habrán preparado con vosotros, o las propias del ritual de exequias, para poder encomendar a Dios todo lo que el corazón necesita y pedirle la confianza, la esperanza y vivir un amor más fuerte que la muerte con vuestro/a hijo/a y entre vosotros. Es una oración universal en la que se intercede por otros padres que han vivido o están viviendo lo mismo que vosotros. A continuación, rezamos juntos el Padrenuestro. Se finalizará con una oración y la bendición del sacerdote a vuestro bebé, previa a su entierro o incineración. También invocaremos a los santos que nos esperan en el Cielo, que interceden por nosotros y que reciben a vuestro/a hijo/a. En cualquier momento del ritual vuestros seres queridos pueden incluir cantos si así lo preferís.
Queremos acompañaros no solo en la entrada de vuestro bebé en el Cielo, sino en este acontecimiento que os hace padres para siempre de este/a hijo/a.
“Era un espectáculo, es maravilloso verlo. Los cantos, las lecturas, eran muy apropiados. Pusimos la lectura del Cantar de los Cantares. Eran de como una novia que va en el cuento del esposo. Luego, en la cajita que le ponen, la pusieron preciosa, la vistieron de niña. En estos momentos es cuando se prueba si me lo estoy creyendo o no me lo estoy creyendo, si vivo la fe o no” (Pablo y Sara, padres de Marta).
¿A quiénes invitamos?
Como decíamos antes, el ritual de exequias es una celebración. Celebramos el nacimiento al Cielo de vuestro bebé. Quizá necesitáis más intimidad, pero puede pasar también que os consuele y alegre estar acompañados. En un momento doloroso, en el que despedís a vuestro/a hijo/a en la Tierra, todo cambia cuando esto va acompañado de amor, familia, amigos y una unión que se hace visible en medio de la dificultad.
Por otro lado, aunque no sea tan común despedir a alguien tan pequeño, es también un modo muy concreto de reconocer su vida, por ello os animamos a invitar a todas las personas que consideréis, ya que somos testigos de que en medio del dolor se puede experimentar una gran belleza y vuestro bebé y lo ocurrido puede tocar muchos corazones.
«Pensé estamos montando un show, pero no, realmente es lo que hay que hacer. Y me alegro de que haya venido la gente al entierro de mi hija. Es que creo que hay que hacerlo así. Que me acompañen y que recen conmigo. Nosotros no somos conscientes muchas veces de cómo ha trascendido eso”; “Le ayudó mucho a la gente, vino muchísima» (Pablo y Sara, padres de Marta).
¿Cómo conviene vestir en la celebración?
Culturalmente, el luto y la pérdida se asocia al negro. Sin embargo, en este ritual celebramos la vida pura e inocente, la que nunca ha conocido el mal, la que entra directamente al Cielo. Vuestro bebé viste de blanco, lo acompañan flores blancas y de colores, el sacerdote va de blanco…, todo como signo de la pureza, del Cielo, de la Resurrección.
Por ello, os invitamos a llevar colores luminosos, cálidos, para unirnos a esta esperanza del Cielo y a la pureza de este bebé. “Yo a la gente le dije: ‘Que nadie venga de negro, que nadie venga en traje, quiero colores festivos, veraniegos; es una fiesta esto, que nadie venga con nada funerario. Entonces todo el mundo compró tonos claritos’” (Isabel, madre de Paz).
