
Madrid, 15 de octubre 2025 – Con motivo de nuestro quinto aniversario y en el marco del Día Internacional del Duelo Gestacional y Perinatal, que se conmemora cada 15 de octubre, desde En Vela organizamos un encuentro con padres y representantes de algunas de las organizaciones implicadas en el difícil proceso de la muerte de un hijo, en la fase del embarazo o en sus primeros días o semanas de vida.
En este encuentro, celebrado en la Biblioteca Municipal Eugenio Trías, en Madrid, se ha mostrado cómo la paternidad y la maternidad se ensanchan por el amor en el duelo gestacional y perinatal, además de defender la dignidad de cada hijo desde el inicio de la gestación.
Helena Acín, fundadora de En Vela, explica el sentido de este encuentro: “Nos hemos sentido interpeladas por el amor sin fin de estos padres por sus hijos y hemos intentado, en la medida que podemos, ayudarles a transitar ese duelo y que sus vidas sean como este espacio, que por las grietas entra la luz (…). Todo empezó cuando acompañamos a un bebé de 6 semanas de gestación que nació en casa. Esto es un profundo reconocimiento por estos bebés, por cada vida, y el reconocimiento a personas que han facilitado que sus padres cumplan este deseo de acompañar a su hijo hasta el final”.
Durante el acto intervinieron varias madres y padres que han sufrido la dura experiencia de perder a su hijo durante el embarazo y alumbrarlo, tanto en casa con pocas semanas de gestación como en el hospital, para contar cómo lo vivieron, compartiéndonos el dolor y la luz que se abrió paso en él, y cómo les ha inspirado a abrir caminos para acompañar y facilitar el camino a otros.
“¿Qué hago con el cuerpo de mi hijo? No lo voy a tirar”
En la primera mesa, formada por padres cuyos bebés habían nacido en casa con menos de 12 semanas de gestación, Olatz y José Manuel compartieron su testimonio y comentaron que, al ir a casa con las pastillas que le provocarían el parto de su pequeño Jaime, todo era desconcertante: “Te encuentras con el cuerpo de tu hijo en casa y nadie nos dice qué hacemos con ese cuerpo. Me preguntaba: ‘¿Qué hago con el cuerpo de mi hijo? No lo voy a tirar’”. Finalmente, Olatz y José Manuel obtuvieron lo que necesitaban para enterrar a su bebé, pero no es un proceso que tenga un buen acompañamiento, porque “cuando te dan la medicación, se asume que los restos del bebé van a ir al váter”, añadió José Manuel. “Es descorazonador, tiene demasiadas lagunas”. Reconocer el cuerpo de este hijo, va más allá de ser un acto de dignidad, y estos padres compartieron su experiencia de cómo también les ayudó a vivir su paternidad: “Al igual que a mi mujer, cuando sabe que está embarazada, se le activa su instinto maternal, mi instinto paternal no se activa hasta que no tengo a mi hijo en brazos”. Olatz dio a luz a su pequeñísimo bebé en casa y, cuando se lo mostró a José Manuel, este se echó a llorar, se puso de rodillas, lo cogió y le dio un beso. “Puede parecer raro, pero es que es tu hijo, está ahí y, en mi caso, se me activó toda la paternidad del mundo”.
Más allá de poder recuperar el cuerpo del bebé, este matrimonio ha descubierto luces que se cuelan en medio del dolor. Olatz ha experimentado “que el dolor, que es real, no tiene la última palabra. Se nos hizo el Cielo más patente que nunca. Fue saber que no estamos solo hechos para esto, sino para la eternidad”. Sus hijos también aprendieron algo de esta vivencia, pues “lo que hay en la tripa es su hermano con toda su dignidad”, afirmaba José Manuel. “Aprenden que, cuando algo no sale como habías planeado, eso no es el final, no te determina”, añadió Olatz. “Este dolor, lejos de ser algo que acaba con nosotros, nos une. No quiero enseñarles que el mal no existe, sino que se puede tener alegría aunque no todo haya salido como yo quería”.
Olatz y José Manuel transmitieron la importancia de hablar de lo sucedido: “Te nace vivirlo para dentro y que nadie se entere. Al contarlo, encontramos muchos otros matrimonios que me dijeron: ‘Nos pasó’. Y que antes no se habían atrevido a decírselo a nadie”, comparte Olatz, y añade: “No es remover el pasado, es sanar”. La vivencia de que su hijo falleciera, lo acogieran y lo enterraran movió a este matrimonio, muy conocido en las redes, a compartir lo vivido: “Al ver nuestro vídeo, otros padres decían que podían poner palabras a lo que habían vivido. Este proceso ha sido una experiencia tan natural, que vemos que el ser humano está llamado a esto, a amar a su hijo, a darle un lugar a su hijo, a enterrar a su hijo, y esto lo tenemos que compartir, porque vivirlo de otra manera es lo que se me hace antinatural, que es lo que nos ha pasado en otros abortos”, compartió José Manuel.
Diana, esposa y madre de diez hijos (tres en el Cielo y siete en la Tierra), compartió también la importancia de recuperar el cuerpo de su bebé. Cuando falleció su pequeño Mateo Sebastián, de 9 semanas de gestación, “podía haber desquebrajado todo, pero este bebé vino a dar luz para nuestra vida”. Diana se preguntaba para qué venía este niño y sobre su muerte, no tanto el por qué. El detenerse en la realidad que estaba ocurriendo, en la inmensa dignidad de su hijo y de su cuerpo, sin mirar hacia otro lado, le permitió luchar hasta el final para poder enterrarlo. Atravesó doce días de trámites administrativos “donde todos se pasaban la culpa: no había quien acredite que el cuerpo de mi bebé es el cuerpo de mi bebé”. Esta experiencia motivó a Diana a abrir todo un camino en Zaragoza que facilita a las madres y los padres que viven el fallecimiento de un hijo que puedan enterrarlo. Además de su misión a más grande nivel, ella ya reconoce la misión que ha tenido su pequeño en su familia: “Este niño trajo un mensaje de vivir en alegría a pesar del sufrimiento, de aprender a estar y ser familia, que el amor es el que triunfa”.
En el hospital: “Nos dejaron estar un tiempo juntos con él y fue bello”
En el encuentro pudimos también conocer el testimonio de otros padres que han vivido el nacimiento de su hijo fallecido en el hospital. Se resaltó el nivel de influencia que puede tener el trato hospitalario en este duelo. Belén y Dale vivieron hace casi dieciséis años la pérdida de su hijo Cosme, y subrayaron cómo lo vivieron antes, sin los avances actuales en la humanización del duelo gestacional y perinatal. Belén y Dale nos cuentan que, cuando fueron a la ecografía del tercer mes, todo se truncó para ellos y, cuando Dale mira atrás, solo tiene una palabra para describir el recuerdo de aquello: “frío”. Belén compartió que la ginecóloga “sin mirar a los ojos, dijo: ‘Si aquí no hay latido’, como algo esperable, que podía pasar, pero ¿yo cómo iba a pensar que podía pasar? Nos escribió en un papel: ‘Vente tal día al legrado’. Fui al legrado, asumiendo que eso era lo que había, respetando que el otro tiene una autoridad por sus conocimientos y que, si no te ofrecen nada más, es porque no hay nada mejor”. Cuando conoció muchos años después En Vela, Belén solo pensó: “Ojalá hubiera habido esto cuando nosotros tuvimos a nuestro hijo Cosme”.
Inés y Jorge, sin embargo, vivieron una experiencia diferente. Son un matrimonio joven, padres de cuatro hijos que fallecieron en el seno materno. Compartieron lo vivido con su cuarto hijo, Lázaro, en el hospital: “Nos encontramos por primera vez con el reconocimiento de nuestro hijo. No era una muestra de anatomía patológica. En el alta estaba puesto el nombre de nuestro hijo. Es que es la muerte de un hijo que existe y muere. Nos dejaron un tiempo largo a solas con él. Nos vieron llorar juntos y, desde entonces, cuando pasaba un médico nos hablaba en plural”. Jorge afirma: “Yo me sentía plenamente padre desde el principio. Nos dejaron estar un tiempo juntos con él y fue bello. A veces se agradece o se echa en falta la humanidad: una madre está llorando al hijo que han perdido”. Inés añade que le encanta hablar de sus hijos con naturalidad, como a cualquier madre: “Cada uno tiene su vida, brevísima y escondida, pero ha sido su vida”.
Al hilo de cómo acompañar y humanizar este duelo, Patricia y Manuel, padres de Helena, que falleció con dos meses de gestación, subrayan que no hay que huir del sufrimiento ni quitarle hierro, aunque sea lo más natural e instintivo en el ser humano. “Duele muchísimo, hay una parte de ti que te arrancan y que no va a volver jamás, pero te dan una parte totalmente nueva, y yo creo que es importante lo que pone aquí: ‘Somos padres’ y eso es ya una felicidad inmensa con un dolor inmenso”. Para acompañar al otro, Manuel tomó de ejemplo a la Virgen María: “La Virgen María, cuando estaba siendo Jesucristo crucificado y azotado, no dijo: ‘No duele tanto, va a pasar’. No. Estaba. Y en ese momento asumes que tienes que estar, y que es algo que está ahí, y que lo vas a acompañar y que se va a quedar ahí, pero que tiene un sentido”.
“La misión del hijo siempre va más allá de lo que puedes imaginar”
Este dolor, tan profundo e inabarcable, va transformándose en vida en la historia de estos padres. Estos padres fueron testigos en el encuentro de que muerte y vida pueden ir de la mano, y esto es lo que resaltaban: “El dolor te ordena, vives tu vida por inercia y cuando pasa esto dices: ¿Cuáles son mis prioridades en la vida?”, compartió Manuel. Patricia agradeció que este proceso “ha marcado una diferencia en nuestra fe. Ya tengo un aliciente para luchar por el Cielo”, así podrá ver su pequeña.
Jorge resaltó que “esta experiencia nos hace vivir la paternidad, el amor que es vulnerable. La misión del hijo siempre va más allá de lo que puedes imaginar”. Su mujer, Inés, reconoció el bien que ha descubierto en esta situación, aunque constata: “Hay un punto del sufrimiento que queda sin explicar, pero acogiendo y ofreciendo este sufrimiento puedo vivir”.
Por último, Dale también descubre “más amor y más luz” en su matrimonio con Belén a raíz de esta experiencia, quien afirmó: “Mi herida es mi tesoro”, ya que, a raíz de todo lo vivido, Belén colabora con En Vela y, como cada uno de estos padres, es un faro de luz en el mundo.
“Vuestros hijos nos cambian la vida”
El encuentro también contó con la asistencia de profesionales cuya labor queremos visibilizar por la importancia que tienen en facilitar esta vivencia a los padres y que la puedan vivir y transitar mejor. Su labor es fundamental, ya que solo el hecho de la acogida y del reconocimiento de que, en cualquier momento de la gestación, una pérdida no es una sola cuestión médica, sino la muerte de alguien que vivía y es amado, puede resultar sanador. Reconocer esta realidad, lejos de abrirle la herida a los padres, les consuela y les hace sentir comprendidos y acompañados.
Un 20-25% de los embarazos no llegan a término, los padres gritan su dolor y con frecuencia ni su hijo, ni su paternidad/maternidad es reconocida por su entorno ni, en muchos casos, por las instituciones. Es un duelo, en cierto modo, silenciado e invisibilizado, lo que hace más difícil gestionarlo. Por ello, se ha recogido en el encuentro la importancia de recuperar el cuerpo de estos hijos, la misión que tienen y cómo este dolor puede ir transformándose en vida, descubriendo una paternidad y maternidad diferentes.
Esta es la misión de En Vela, funeraria para bebés, que acompaña a estos padres en el amor sin fin por sus hijos, recuperando el cuerpo de estos bebés para que puedan ser acogidos, despedidos y entregados por sus familias, para vivir una paternidad nueva y diferente, labor que carecería de sentido sin la implicación de los padres y profesionales. Es por ello que Helena Acín cerró este encuentro reconociendo que “un hijo cambia la vida, y vuestros hijos nos cambian la vida a todos con todo lo que hemos escuchado”.
