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¿Y si nuestro bebé fallece muy pequeño y nos mandan a casa para dar a luz (con pastillas o de modo natural)?

Decidir el modo de alumbramiento

En algunos casos, cuando el bebé ha fallecido y es todavía muy pequeño (menor de 12 semanas de gestación), los médicos pueden darle a la madre unas pastillas para tener a su bebé en casa (a veces también en el hospital). Siempre puedes pedir o preguntar si puedes dar a luz de modo natural sin tomar las pastillas, cuando tu cuerpo esté listo para que vuestro bebé nazca. Con acompañamiento médico y si lo permiten y ven adecuado, es posible que puedas custodiar el cuerpo de vuestro bebé en tu vientre hasta que, de manera natural, sea alumbrado.

Sea que vuestro/a hijo/a va a nacer de modo natural en casa o con estas pastillas, es posible que escuches la expresión “expulsar al feto en casa”. Entre la situación, ya abrumadora de por sí, y estas palabras, puede parecer lo más lejano a un nacimiento, y sin embargo, lo es. Y te invitamos a vivirlo como tal.

Te acompañamos paso a paso en vivir este alumbramiento y recuperar el cuerpo de vuestro bebé

Se acerca el nacimiento de vuestro/a hijo/a, y os animamos a cuidar de este momento, a recibir su cuerpo. Cuando comienzas a tomar las pastillas o cuando te pones de parto de manera natural en casa, puede ser abrumador y al mismo tiempo está aconteciendo lo más esperado: el nacimiento de vuestro bebé. Para vivir mejor esta situación, os acompañamos de manera muy concreta, paso a paso.

La dignidad de este alumbramiento

Seguramente habréis imaginado el parto en un hospital, entre médicos, con la madre muy cuidada, con dignidad, celebrando la vida… Y este bebé llega en casa, en silencio, entre lágrimas y sin saber cómo sostener lo que está ocurriendo. Aunque no vaya a ser lo que imaginabais, no deja de ser la vida de vuestro/a hijo/a. Su cuerpo, aunque pequeño, tiene una dignidad inmensa.

Cuando os mandan a casa para tener al bebé allí, os explicarán que habrá sangrado por un tiempo. Podéis asustaros, impresionaros por este sangrado que no habíais conocido antes y que no sabéis cómo controlar ni cuánto durará. En medio de todo esto, va a acontecer el nacimiento de vuestro bebé. Esta sangre no es de fracaso o de muerte, es sangre que da a luz, con inmensa dignidad, a vuestro/a hijo/a, que es sagrado.

Tener las cosas preparadas para ayudaros a reconocer la dignidad de este momento tan importante puede ser de gran ayuda, a pesar de sentir al mismo tiempo que darás a luz en un lugar que jamás habrías imaginado como “sagrado”. Pero lo es. Donde se entrega la vida, donde se acoge a los más pequeños con amor, donde una madre da a luz, hay un espacio sagrado.

Este parto, aunque lleno de dolor, es un acto de vida y de amor. Allí también Dios se hace presente. Cuando recibáis a vuestro/a hijo/a, podéis mirarlo. Podéis hablarle, acunarlo, despediros. Sin miedo a verlo, solo con el amor de sostenerlo hasta el final.

“No queríamos tomar las pastillas y esperar a ir al baño. Reconociendo la dignidad de este nacimiento preparamos algunas cosas con cariño. Compramos unas flores, para que cuando viniera las tuviera. Teníamos preparadito un minialtar con alguna imagen, con la Virgen. Así también podíamos velar un poco a nuestra hija. Hablé con una mujer gracias a En Vela, que me ayudó un montón, porque me hizo una lista de la compra de cosas que debía tener. Era quitarle la frialdad al tema médico” (Manuel y Patricia, padres de Helena).

✨El nacimiento de Jesús en un pesebre

Al vivir este alumbramiento en casa, tal vez sin saberlo, te unes al corazón de María. Ella también dio a luz en un lugar que nadie habría elegido: un establo, sin calor, sin limpieza. Allí, entre animales y paja, llegó la Vida al mundo. No fue un lugar digno a los ojos del mundo, pero fue el escenario del acontecimiento más grande de la historia: el nacimiento de Dios. Así también, lo que hoy vives tú, como madre, —en la pobreza de medios, en la fragilidad del cuerpo, en el desamparo— no es menos sagrado. “Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2, 7).

“Me dieron la posibilidad de hacerme un legrado o tomar una medicación. Escogí la segunda, que me dio la oportunidad de dar a luz en casa. Un bebé inmaculado y perfecto de 2 cm de tamaño. Le envolvimos en gasas igual que la Virgen y San José envolvieron a Jesús en pañales en Belén” (José Manuel y Olatz, padres de Jaime).