Los hijos no son nuestros. Nuestros hijos son un regalo. Y Marta lo es de esta forma.
Pablo y Sara son un matrimonio con tres hijos biológicos, uno de acogida y una hija en el Cielo, Marta, que falleció en la semana 23 de gestación y que ha ensanchado su corazón y el de tantos testigos de esta historia. Pablo nos cuenta cómo empezó todo: “El verano pasado estaba en una fiesta del pueblo de mi hermana. Llevaban en procesión la imagen de Santa Marta, y, no sé por qué, me creó mucha devoción la imagen, y le pedí tener una niña, después de tener todo niños. Nos quedamos embarazados en ese momento. Y uno de mis hijos dice: ‘Mamá está embarazada de una niña llamada Marta’”.
Sin embargo, tras meses esperando a Marta, recibieron una noticia desgarradora: “En una exploración de rutina vieron que no había latido. Estaba en shock, me dijeron que era normal. Era incapaz de procesar. No sabía qué estaba diciendo, no sabía pensar”, cuenta Sara.
Cuando Pablo se enteró de que no tenía latido sintió un profundo dolor: “Me dolía muchísimo, de hecho, no dormía pensando en que había fallecido la niña. Me daba mucha pena. Sentía que Dios me daba un caramelo y me lo quitaba, me parecía como inconcebible. Me salía pensar: ‘Que a la gente le pase, vale, pero ¿que me pase a mí?’. Fue un shock al principio. Pero después dije: ‘Dios me dará la gracia para vivirlo con paz’”.
Todo es rápido en el hospital, pero Pablo y Sara quieren recuperar a su hija…
Mandaron a Sara a urgencias para provocar el parto. “Yo pensaba si tenía que prepararme. No había pensado en nada. Le decía a Pablo: ‘Pablo, ¿qué vamos a hacer con la niña? No vamos a tirarla a la basura’. Esa era mi mayor preocupación. No podía concebir que nuestra hija con la dignidad que tiene sea un resto biológico. Desde el principio dijimos que queríamos enterrarla, para que lo tuvieran en cuenta. Gracias a varias personas conocimos a En Vela, porque ya estábamos pensando cómo podíamos enterrarla. Nació y yo quería verla. Se la llevaron para limpiarla y luego la trajeron. La pude coger, le di un beso. Estuve ahí con ella un rato”. Pablo añade: “Nos hicimos fotos y todo”.
Surge la intranquilidad: ¿dónde está el cuerpo de nuestra hija?
Pablo y Sara se preguntaban dónde iba a estar el cuerpo del bebé entre que Sara dio a luz y el entierro: “Estaba intranquila por que estuviera la niña en el hospital todavía en la morgue y no estuviera enterrada. Yo sé que lo que está es el cadáver, pero como madre tenía la necesidad de estar cerca, al lado. Era una separación difícil. Aunque no puedas hacer nada y no aportes nada. Simplemente… es como una cuerda que te tira. Mientras tu hija queda en el hospital, algo no ha terminado, si se quedara ahí cuesta mucho superarlo. Por eso queríamos enterrarla.
Celebración del entierro de Marta y de su vida eterna
Llegó el entierro, y la belleza se abría paso entre el dolor: “Era un espectáculo, es maravilloso verlo. Los cantos, las lecturas, eran muy apropiados. Pusimos la lectura del Cantar de los Cantares, de una novia que va al encuentro del esposo. Luego, en la cajita que le ponen, la pusieron preciosa, la vistieron de niña. En estos momentos es cuando se prueba si me lo estoy creyendo o no me lo estoy creyendo, si vivo la fe o no”, nos cuenta Sara.
Pablo también experimentaba la paz: “El Señor nos ha ayudado a vivirlo con mucha tranquilidad y con alegría. Viví con mucha paz el entierro. Además, es nuestra vecina (el cementerio está al lado de casa), tenerla cerca es un triunfo”. Pero la vida de Marta no termina ahí para su padre: “Yo, cuando me enteré del fallecimiento, tuve la sensación de que a esta bebé se la habían llevado para interceder por nuestro matrimonio”.
Sara nos habla de los invitados: “Liamos una que vino muchísima gente. Pensé estamos montando un show, pero no, realmente es lo que hay que hacer. Y me alegro de que haya venido la gente al entierro de mi hija. Es que creo que hay que hacerlo así. Que me acompañen y que recen conmigo. Nosotros no somos conscientes muchas veces de cómo ha trascendido eso”.
“Le ayudó mucho a la gente, vino muchísima. Gente que no habíamos avisado. Más de cien personas, una pasada. De familia solo vino mi madre. Sin embargo, amigos de la parroquia vinieron muchísimos. Y hasta se presentó gente no tan cercana a nosotros, hubo uno que me dijo que venía porque venía atraído por el entierro de un bebé”, dice Pablo sorprendido.
El duelo gestacional, un duelo muy silencioso en la sociedad
“Nunca piensas que vas a estar en esta situación. Y la gente no habla mucho de esto, incluso gente que sabemos que ha pasado por un duelo así. Pero estos bebés son parte de la sociedad, aunque no se vean ni estén fuera de la barriga. La gente tiene miedo de hablar de que has perdido un hijo, de no saber cómo preguntarte, si hablarlo o no. Yo he hablado de mi hija y decía: ‘La hemos enterrado, pregúntame por ella, me gusta hablar de ella, ha sido un regalo, la hemos conocido’. Entiendo que los padres no quieran que la gente les diga cosas, como ‘ya vendrá otro’, pero quiero que deje de silenciarse este duelo, que la gente pueda hablar de ello. Que puedas hablar con la alegría de tu hijo, aunque esté muerto. A raíz de esto, mucha gente nos habla de que ha pasado por esto. Y cómo lo ha vivido. Y eso les sana, el hablarlo. Ese es el fruto de hablarlo”.
Compartir la noticia con el resto de los hijos
“A nuestros hijos nosotros les hablamos de que se había ido al Cielo”. Pablo llegó a casa y dio la noticia: “Marta se ha ido al cielo”. “El mayor se puso a llorar, muy triste. Le di un abrazo. Tiene ocho años y tenía que hacer la carta de los Reyes Magos: puso que no quería un regalo, que quería que su hermana estuviera en el Cielo y que su mamá no sufriera. Los demás decían: ‘Ah, pues se ha ido Marta’. Después, pedían por ella. Con los niños, con naturalidad; de hecho, vinieron muchos niños al entierro”.
Sara añade: “Con mucha inocencia, uno de ellos decía: ‘¿pero quién es Marta?’. Creo que tienen que conocer que existen estas cosas. Con naturalidad”.
La culpabilidad en las madres
“La culpabilidad es una tentación que yo creo que tenemos todas las madres y siempre tenemos ese pensamiento, incluso cuando los hijos están ya crecidos de ‘lo estoy haciendo mal’, ‘esto lo tenía que haber hecho de esta manera’, o incluso ‘no le tendría que haber dado salchichas para cenar’… Tienes mucha culpabilidad siempre como madre, pero yo creo que eso es un pensamiento del demonio, o sea, es un pensamiento intrusivo que te hace pensar que no vales y no es así. Es que pueden pasar muchas cosas, que se atraganten, se hagan una herida…, pero yo pienso que los hijos son hijos de Dios. Él también los cuida y hace su historia con ellos. Intento hacer lo mejor posible, pero tampoco me flagelo.
Nuestro hijo mayor es de acogida, y desde el principio pensamos que nuestros hijos no son nuestros. Simplemente somos sus padres y tenemos que cumplir una misión con ellos. Yo tenía muchos miedos, aunque sé que el Señor siempre me va a dar una Palabra y no me va a dar más de lo que pueda asumir. En el proceso de acogida del mayor le dijimos a servicios sociales que estábamos disponibles para cuidar a este hijo. Y nos decían que se lo podían volver a llevar, y les decíamos: ‘Ya, pero los hijos no son nuestros, en ningún momento’. Esto te cambia un poco la forma de vivirlo, ese vínculo más posesivo. Entonces esto te hace descansar. Vives un amor libre. Otro hijo nació prematuro y era probable que muriera. Y a Marta quería verla y conocerla, aunque murió. Entonces, los hijos no son algo mío. Los cuido como puedo y los quiero, y sí, son mis hijos, pero no es mi posesión ni controlo todo. Tenemos cuatro niños y Marta era la niña. Llevaba todo el embarazo pensando que iba a ser una mimada. Y mira, tenía una idea de ella que no era real, cuando pasó esto, digo: ‘Eres tonta, Sara. No es una mimada, va para el Cielo, es santa’. Nuestra paternidad ha sido dura y difícil, y todo lo vivimos como un regalo, nuestros hijos son un regalo. Y Marta lo es de esta forma”.
Pablo y Sara terminan compartiendo la luz que se les ha desvelado en todo lo vivido…
“El fruto de todo esto es reconciliarte con la historia que has tenido, reinterpretarla, saber que tu hija está en el Cielo, que has cumplido con tu misión”.
