“Los padres prefieren evitar esta prueba ya que van a continuar la gestación independientemente de este resultado”
“En enero me quedo embarazada de Paz. Cuando fuimos a la ecografía de la semana 12, la ginecóloga estaba un poco seria. Cuando dice la medida del bebé, veo que el bebé no había crecido nada respecto a la ecografía anterior. Empecé a agobiarme y a llorar. Se hizo un silencio absoluto en la sala. Félix empezaba a ir andando de un lado para otro de la sala. La ginecóloga dice: ‘Os voy a empezar a decir cosas que no me gustan. La barbilla la tiene muy metidita, tiene los pulgares y los meñiques encima de otros deditos, las piernas y los pies los tiene torcidos’, y yo iba escuchando, escuchando… El corazón tenía una cardiopatía espectacular. Dice: ‘Me parece que es una alteración cromosómica’. Entonces empecé a llorar.
Nos dijeron que habría que hacer una biopsia corial para confirmar patología, pero hay riesgo de aborto si haces esto. Dijimos que no y pusieron en el informe: ‘Ante esta sospecha estaría indicada la realización de estudio genético por biopsia corial. No obstante, los padres prefieren evitar esta prueba ya que van a continuar la gestación independientemente de este resultado’. Esto podría ser todo mi testimonio.
En ese momento estaba en shock, pero esa noche me entró la ilusión de querer conocer la carita que tendría. Sabía que iba a morir, pero yo quería ver su carita. Mucha gente cercana me decía: ‘Si muere antes será menor el sufrimiento’, pero yo vi que mi corazón me decía: ‘¡Quieres conocerla!’. Yo le dije a todo el mundo: ‘Que sepáis que yo voy a rezar por conocerla, así que todos a rezar por lo mismo. No voy a rezar por que acabe pronto’. Lo que sí me agobiaba era el parto. Porque no sabes cómo será, si nacerá vivo y morirá durante el parto, si no lo podrás ver vivo o qué malformaciones tendrá. Pero un amigo nos dijo: ‘En el padrenuestro tú pides HOY el pan de cada día, ¿no? Pues has de vivir el hoy’. Y lo empecé a vivir así”.
La lucha de ir hasta el final con la decisión de seguir adelante
Félix nos comparte que “cuando nos ofrecieron abortar, no lo dudamos ninguno de los dos. Me agobió la opción de tener un hijo enfermo, podía suponer una carga, aunque lo habríamos llevado bien. Llegó un momento que estaba en misa y había un crucifijo, y dije: ‘Mira, es tuyo. Haz lo que te dé la gana’. También me di cuenta de que no podía decir cada día en el padrenuestro ‘hágase tu voluntad’ y luego que te llegue algo así y correr. Yo lo tenía todo humanamente, materialmente, formación… y una primera contradicción que me llegaba me tocó el amor propio, pero vi ser coherente. Yo tengo amigos o conocidos a cuyas madres les han dicho que el hijo sería síndrome de Down y ahora son opositores a notarías. De eso conocemos todos casos.
De hecho, al principio no es que deseara que mi hija muriese, pero sí que era como: ‘Si Dios quiere, que esto no siga adelante y nos ahorramos un gran problema’, pero conforme progresaba el embarazo tenía más y más ganas de que viviera… Me acuerdo la ecografía previa a su muerte que dijeron: ‘Vive’, y me puse a llorar de la emoción. Conforme pasaba el embarazo me vinculabas más, y al final sí que dije: ‘Ojalá nazca’”.
Mientras Félix iba descubriendo cada vez más este amor por su hija, Isabel también se iba fortaleciendo en su decisión: “Mis compañeros me decían: ‘¿No crees que será más fácil si abortas?’. Pero es que es un bebé, es mi hija, es una niña: me quedo con haber mostrado al mundo que el aborto no es la salida fácil, aunque lo parezca. Porque hasta el final le dimos todo. Y la conocimos. Y aunque no la conozcas, te vas con la conciencia tranquila. Te vas diciendo: ‘Yo le he dado todo’. Además, yo le decía a Félix: ‘¿Tú ves a todos los padres de los niños enfermos que son los más felices? A esta gente la veo mucho más feliz que la que tiene siete hijos sanos. Se sufre, pero el sufrimiento no es antagonista a la felicidad. También sufren los padres de hijos sanos”.
A las 31 semanas de gestación, Paz nació al Cielo…
“Llegó el 5 de agosto y le dije al ecólogo: ‘Lo primero, por favor, dime si está viva o no’. Me dijo: ‘No’. Vivió 31 semanas”. Isabel y Félix dan testimonio de cuánto mereció la pena estar con su hija a pesar del miedo. Lo que más ayudó a Isabel fue “verle la cara, es lo que quería”. Félix no lo tenía tan claro desde el principio, pero después todo cambió: “Yo dudé si verla. también por inexperiencia, no me había encontrado nunca con esto, pero luego sí que me valió la pena, le puse cara, era una persona. Fue una experiencia fuerte. Para nada me dio rechazo, tenía una cara mona. Es que fuera como fuera nos habría gustado, es tu hijo, aunque al principio dé cosa no saber con qué te vas a encontrar”. Isabel añade: “En el hospital te aconsejan verla. Y te la dan un rato y todo, y te dan las huellas. Yo hice un montón de fotos”.
Se abre un camino para poder despedir y celebrar la vida de Paz
Isabel se puso a recordar el momento en el que supo el diagnóstico de Paz en la semana 12, pues, en aquel momento, en una reunión con sus catequistas, estos mencionaron a dos niños que enterraron en su comunidad. Isabel se había olvidado de aquello, hasta que murió Paz: “Se me iluminó la frase de mi catequista, llamé a su mujer, me coge a la primera y me pasa el contacto de la que enterró a los niños. Llamo, también me lo coge a la primera y me pasa el contacto de En Vela. A En Vela les dije que quería una misa, y me dijeron que la parroquia que estaba más cerca del cementerio era Santa Catalina de Labouré, que es del Camino. Yo no lo podía creer. Contacté al sacerdote y me dice: ‘Tú no te preocupes de nada, yo me ocupo de todo’. Nos montó la sala. Cuando vio que había mucho ruido, la desmontó y la volvió a montar. Nos aspiró todo. Limpió todo. No me encargué de nada. Fue todo providencial, y también que me pasaran el contacto de En Vela porque, si no, no sé lo que hubiese hecho.
Lo que más me ayudó de En Vela es la dignidad que se le da al niño, verlo vestido, enterrarlo… Se trata de dar una despedida como toca. Cada uno a su manera. El que sea cristiano que haga una misa, el que no, que haga un ritual en su casa, pero a ese niño, tú, con tus creencias, le puedes reconocer su dignidad. Y también te salvan con la burocracia”. Félix complementa lo dicho por Isabel: “Lo último que te apetece es ponerte a buscar un nicho, una cajita… Que nos ayuden en esto te deja como: ‘Yo la tuve en brazos, estuve una hora, hice mil fotos, y me olvidé hasta que ya la vi en una cajita vestida’”.
Llega el día de la celebración, y la Palabra y el canto acompañan todo: “Vinieron nuestras familias y alguna amiga. Hicimos una misa, la preparamos la noche anterior con unas peticiones preciosas y unas lecturas que nos propuso En Vela. El Evangelio era muy bonito, el de la presentación del niño en el templo. Entramos con ‘Ven del Líbano’, que es el canto de las novias, es la novia que se va a hacer una con el novio, que es Jesucristo. Yo a la gente le dije: ‘Que nadie venga de negro, que nadie venga en traje, quiero colores festivos, veraniegos; es una fiesta esto, que nadie venga con nada funerario’. Entonces todo el mundo compró tonos claritos. También se cantó el Te Deum, que me encantó, que es ‘A ti, oh, Dios, te alabamos’, que es básicamente dar gracias a Dios. Cantaron ‘Resucitó’ en la comunión y, cuando enterramos a Paz, me encantó porque se cantó el credo a medida que la metíamos en la sepultura. El credo es el resumen… de todo. Fue tan bonito. Y luego cantamos un canto a la Virgen, el mismo que nuestra boda”.
“Lo fácil había sido tenerla, verla y no abortar”
“Cuando me reincorporé al trabajo, me preguntaba la gente: ‘¿Qué tal todo?’. Y yo, que tengo la foto de Paz, se la enseñé a muchísima gente. Les decía: ‘Mira, mira qué mona’. Y la gente flipaba. Yo estaba enseñando a un bebé, para mí perfecto. No pensaba que fuera una desgracia enseñar la foto. No. Esta es mi hija. Era un bebé como otros y, por no cumplir con los cánones de belleza, mi hija no es menos que el tuyo. Era perfecta. Me quedo con el haber enseñado a la gente que el bebé era perfecto. Todo el mundo me decía cuando estaba embarazada: ‘Será mucho más difícil todo si sigues adelante’. Y no, no era más difícil; lo fácil había sido tenerla, verla y no abortar. Lo más fácil es verle, ponerle un nombre, ponerle una cara y quedarte con ese recuerdo.
