Aunque pueda no parecerlo, es importante contarles a los niños lo que ha ocurrido. Incluso los más pequeños perciben que algo ha cambiado.
- Vivirlo con amor: esta situación es una oportunidad de abrir un espacio a una mayor unión entre los hijos, entre los padres y entre toda la familia. Poder compartir vivencias o lo que se siente, hablar del bebé con amor y respetar las formas de recordarlo o tenerlo presente abre un espacio para la unión de la familia.
- Vivirlo en verdad: ocultarles la verdad o disfrazarla puede generar confusión, miedo o incluso culpa. Hablar con ellos con palabras sencillas, claras y adaptadas a su edad les ayuda a comprender y a vivir el duelo de forma real.
- Vivirlo con esperanza: este bebé se queda de un modo distinto presente, siempre va a ser su hermano y pueden contar con él y quererlo. Desde la fe, se les puede decir con naturalidad: “Tu hermanito/a ha muerto, pero no ha desaparecido. Está en el Cielo, con Dios, que lo cuida y lo quiere. Y desde allí, también nos acompaña. Y nosotros desde aquí lo seguimos queriendo”.
“Pablo dio la noticia: ‘Marta se ha ido al cielo’. El mayor se puso a llorar, muy triste. Le di un abrazo. Tiene ocho años y tenía que hacer la carta de los Reyes Magos: puso que no quería un regalo, que quería que su hermana estuviera en el Cielo y que su mamá no sufriera. Los demás decían: ‘Ah, pues se ha ido Marta’. Después, pedían por ella. Con los niños, con naturalidad” (Pablo y Sara, padres de Marta).
Según la edad, puede ayudar tener ciertas cosas en cuenta:
Hasta los 6 años
No comprenden del todo que la muerte es definitiva. Quizá no conocen tampoco la palabra. Pueden hacer muchas preguntas, repetirlas o incluso parecer indiferentes. Es posible que notéis que intuyen lo que está ocurriendo. Aunque son aún muy pequeños a esa edad, si sabían que iba a llegar un bebé, lo esperarán. Es bueno evitar frases como “está dormido” o “se fue”, y explicar que su hermanito/a murió y ahora está con Dios o también con ellos en el corazón. Al comunicar el fallecimiento, es importante decir que el bebé estaba enfermo y/o débil porque era muy pequeño (es mejor que no relacionen la enfermedad con la muerte, porque todos enfermamos alguna vez). Es posible que se preocupen de que los papás se mueran, por eso les ayuda entender que el caso de su hermanito/a era diferente.
De 7 a 12 años
Tienen una comprensión más lógica y concreta. Es posible que expresen emociones intensas o dudas existenciales. Se puede hablar con ellos con total claridad sin miedo a que vean una cara más dolorosa de la vida. Si lo esperaban con mucho amor, los niños a esta edad también pueden experimentar mucho dolor por esta pérdida. Hablar de lo que ha ocurrido y mostraros dolidos también vosotros, pero mostrando que os acompañáis unos a otros, es presentar el sufrimiento como una oportunidad de unión y de ir más profundo en la vida. Desde la fe también creemos que el alma de quien ha fallecido vive con Dios, por lo que no hay que tener miedo de decirle a los niños que le hablen a su hermanito/a o que le pidan intercesión. Sigue presente y es parte de la familia.
Adolescentes
Su dolor puede parecer más reservado o manifestarse con silencios, rebeldía o aislamiento. Agradecen los espacios de conversación sincera, donde se valide su dolor. Si viven la fe, les ayudará naturalizar que esta no quita el sufrimiento, pero sí que abre un camino en el sufrimiento: de esperanza, de eternidad, de ir más profundo, de aprender a amar más a los que siguen con nosotros y también amar de un modo nuevo al hermanito que falleció.