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¿Cómo vivir como padre y madre lo que ha ocurrido?

“¿Qué he hecho mal?”. Cuando aparece la culpabilidad en la madre

En muchas ocasiones, la madre siente culpabilidad por no poder frenar lo que acontece, por haber hecho algo mal que ha supuesto el fallecimiento de su bebé. Quizá te sientes culpable, creyendo que, si vuelves atrás, podrías hacer las cosas de otro modo y que podrías haber hecho “lo correcto” en momentos que no lo hiciste. Parece que este embarazo ha fracasado, y que tiene que haber un motivo. Pero la vida de tu bebé no ha fracasado ni es un fracaso tuyo que termine, si bien su historia es otra a la esperada, como tantas cosas que pueden ocurrir en la vida que uno no espera con los hijos.

Una puede sentir que su hijo/a no ha vivido lo que podía haber vivido, que podría haber sido distinta su historia, que se podía haber hecho algo diferente…, pero la vida de vuestro bebé es perfecta, su historia es perfecta, solo ha conocido el amor, y eso es el regalo más grande. Le habéis hecho el regalo más grande, la vida y el amor, e incluso si pensáis que hay algo concreto que hicisteis mal, todo padre y toda madre se equivoca y hace como puede, depende de muchas más cosas el desenlace de la vida de un hijo, en este caso, de vuestro bebé.

No tenemos el control ni el poder sobre el cuerpo, la seguridad, la libertad o las decisiones de nuestros hijos. Podemos hacer hasta donde llegamos, y el resto no está en nuestra mano. En vuestras manos está el amar a vuestro bebé, y lo habéis hecho, y lo hacéis. Ninguna madre falla cuando ama, y puedes hacerlo cada día, sin acusarte por lo ocurrido, sino seguir dando la vida por tu bebé. Descubrir un nuevo tipo de maternidad, recordar a tu bebé, integrarlo en la familia, acogerlo, contar con él, que siempre va a estar presente.

“La culpabilidad es una tentación que yo creo que tenemos todas las madres y siempre tenemos ese pensamiento, incluso cuando los hijos están ya crecidos, de: ‘lo estoy haciendo mal’, ‘esto lo tenía que haber hecho de esta manera’, o incluso ‘no le tendría que haber dado salchichas para cenar’. (…) Los hijos no son algo mío. Los cuido como puedo y los quiero, y sí, son mis hijos, pero no es mi posesión ni controlo todo” (Pablo y Sara, padres de Marta).

✨Dios hace nuevas todas las cosas

A veces, se siente una culpabilidad sin motivo, sin haber algo concreto que se haya hecho mal. Sin embargo, en otros casos, puede haber un momento concreto del embarazo o previo a él que pueda estar sembrando la duda de si realmente se es culpable de este fallecimiento. En el caso de que así fuera, en el caso de haber hecho algo nocivo para tu bebé, por la fe creemos que Dios recrea la historia. Él cuenta con todo lo que somos y hacemos para hacer cosas increíbles. Si fuera por nuestra debilidad y por lo que somos, probablemente no podríamos tener la gran mayoría de cosas, personas, proyectos, etc., que tenemos. Pero Dios hace todo nuevo, construye con la debilidad, no le asusta. Puede parecer todo estéril y, ahí, Él es dador de Vida. Construye nuestras relaciones más allá de la debilidad, nuestros caminos, y también lo hace con vuestro bebé.

En este sentido, puede parecer un fracaso de Dios, ya que el bebé ha fallecido, que no ha podido dar vida en medio de vuestra debilidad o vuestro “error”. Pero, normalmente, la historia de Dios es inimaginable. No cumple su promesa como nosotros esperábamos. No sabemos qué historia de amor, de unión, de esperanza, de luz, puede crear a partir del fallecimiento de vuestro bebé. A Dios no se le escapa nada de lo que vivís, y esto tampoco. Está recreando, construyendo, insuflando vida donde ahora no se ve. Su poder creador es mucho más fuerte que vuestros errores. No termina la vida aquí, se abre una vida nueva que hay que ir descubriendo: un nuevo modo de relación con vuestro/a hijo/a, una nueva manera de uniros como matrimonio, una manera nueva de mirar al Cielo…

¿Cómo puedo vivir esto si siento soledad e incomprensión?

Muchas veces, los familiares, amigos, compañeros… muchas veces no van a entender lo que estáis atravesando. Puede ser a veces complicado necesitar el apoyo de los más allegado y al mismo tiempo sentirse muy incomprendido. Pueden, con muy buena intención, deciros cosas que resten importancia a lo que estáis viviendo: “no te preocupes, vendrá otro bebé”, “pero era muy pequeñito, ¿no?”, etc. Pero no estáis solos, aunque el mundo no siempre sepa ver lo que estáis atravesando. Optar por el silencio no ayudaría, pero contar con quienes os rodean puede ser, aunque incómodo a veces, una oportunidad de que os acompañen, quizá muy pobremente, pero que estén a vuestro lado. Recibir el amor y no tanto los comentarios desacertados.

A veces esta incomprensión o soledad en lo vivido se siente en el mismo matrimonio, ocasiones en las que el esposo parece no entender. En este caso, comprender su manera de amar, que puede ser querer resolver o que no sufras, puede ser un consuelo. Reconocer que eres amada, que sois amados, en este proceso, hace que en medio del dolor haya también amor, luz, compañía, acogida (ver testimonio).

También podéis decirles con claridad (o decirle a tu esposo) lo que os ayudaría y lo que no si os sentís muy abrumados. Si lo necesitáis, también podéis pedirnos hablar con otros padres que hayan vivido la misma situación, son como una luz que va por delante de vosotros en el camino que tenéis que transitar. Puede ser también el momento de compartir con esa amiga que sabéis que vivió lo mismo, pero que nunca se comentó más el tema.

Os dejamos un link de un artículo de la Red El Hueco de mi Vientre, en el epígrafe “Reconocerse como padres” podréis leer más sobre este tema: Una ‘cuna fría’ en la habitación número 8: cuando los recuerdos y los abrazos ayudan a superar la pérdida de un bebé – Red el hueco de mi vientre

Vivir el fallecimiento de vuestro bebé como padre y vivirlo juntos

Como padre de este/a niño/a, quizá sientas que no llegas a comprender tampoco todo lo que está ocurriendo, que te asustes por lo que está viviendo tu mujer. Quizá como hombre también te planteas qué puedes hacer, querrías resolver, que tu mujer no sufra… Pero la clave en todo esto está en acompañar, en sufrir con el que sufre, sin resolver, sin entender, aceptando que esto no es algo solucionable. Este es el testimonio de algunos padres, como Manuel: “Ves a tu mujer llorando y lo que te sale es solucionarlo: ‘No llores, no pasa nada, no es tan grave…’. Pero tienes que aprender cuál es tu papel en ese momento, y tu papel es humildemente reconocer que no tienes una solución, ponerte a su lado y llorar con ella. Y se acabó. No puedes pretender ser tú el que traiga la salvación” (ver testimonio completo).

En cambio, sin ser algo que pueda resolverse, sí puede ser una oportunidad de uniros más. Y es que puede que no sepas qué hacer para acompañar esto, pero tu sola presencia ya es un consuelo en medio del dolor. Acompañar sin resolver, a veces incluso sin hablar. Solo vivir juntos este momento. Así, este acontecimiento que puede ser de silencio, de no querer hablar de lo ocurrido, de querer que pase rápido, puede ser el inicio de una mayor comunión entre vosotros; un sufrimiento que une y no separa. Os dejamos un link de la Red el Hueco de mi Vientre, que os puede ayudar a profundizar más en cómo vivir esto juntos: DUELO POR UN HIJO. La experiencia en pareja – Red el hueco de mi vientre

Además, no estáis solo el uno con el otro. Varios familiares, amigos, compañeros o hermanos de comunidad os rodean, aunque no siempre sentiréis que os entienden o que se reconoce la magnitud de lo que habéis vivido. Se puede experimentar soledad e incomprensión, especialmente en el caso de la madre. Si es vuestro caso, os contamos un poquito más sobre esto en el apartado anterior: “¿Cómo puedo vivir esto si siento soledad e incomprensión?”.

✨La pequeñez de san José

José se sentía desorientado, tenía dudas, no entendía qué estaba ocurriendo cuando María concibió al Hijo de Dios y cuando dio a luz. Sin embargo, en medio de la tormenta que le suponía, viéndose pobre también para asumir la precariedad con la que María tenía que dar a luz, recibió una Palabra: “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1, 20b). Y caminó con ella.

Llevar a plenitud vuestra paternidad y maternidad

La muerte de vuestro bebé puede haceros sentir que vuestra paternidad o maternidad se ha frustrado, más aún si es vuestro único hijo, pero desde el momento en que este/a niño/a existió, vosotros ya sois padres (ver testimonio). Y este bebé ha venido para llevar vuestra paternidad y maternidad a plenitud. Los padres siempre tienen una misión cuando su hijo/a crece en casa: cuidar de él/ella, educarlo/a, alimentarlo/a, enseñarle a vivir… Pero ¿y si no se ha tenido la oportunidad de estar con él físicamente? En este caso, que se abre un dolor profundo, hay una misión para vosotros que permanece, aunque de un modo distinto y nuevo, y quizá más amplio, porque vuestro/a hijo/a, de un modo distinto al que esperabais, también permanece.

Vosotros ya sois padres porque vuestro/a hijo/a bebé es real, es parte de vuestra familia y lo será siempre. Y más allá de esto, vuestro bebé vino con un propósito, y descubrir y acompañar este propósito es un camino a recorrer que ensancha vuestra paternidad y maternidad. La misión de vuestro/a hijo/a, aunque ya no esté físicamente aquí, no se ha terminado, tiene una luz que debemos descubrir. Descubrir qué significa y cómo estar cerca de esa misión lleva a plenitud vuestra paternidad y maternidad. De hecho, el simple hecho de haber tocado vuestro corazón y el de tantos que lo esperaban, el haber sembrado un amor tan grande, ya es parte de su propósito.

Cuando se entrega a un/a hijo/a, el amor que se tiene por él/ella no se pierde, sino que aumenta, se expande. No queda frustrado, sino que puede concretarse de muchas maneras. Es un amor que empieza a sentir el dolor de otros padres que también atraviesan un dolor similar. Poder acoger, comprender y acompañar a otros padres que viven la misma situación que vivisteis, es otro modo, diferente al esperado, de ser fecundos. Vuestro bebé os abre un camino nuevo.

También una madre el otro día nos contaba cómo iba asustada al hospital a pedir el certificado de alumbramiento de su bebé de 10 semanas. Pocos piden este papel, por lo que era probable que no entendieran lo que necesitaba. Esta madre, dispuesta a obtener el certificado de que su hijo nació, colaboró, quizá sin saberlo, con uno de los muchos propósitos de la vida de su hijo: que se reconozca un poquito más cada día la importancia y dignidad de estos niños tan pequeños, invisibles al mundo.

Hay muchas formas de vivir plenamente el ser madre o padre, incluso en la ausencia física. Si permanecéis abiertos a lo que la realidad os presente cada día —a través de los encuentros, los silencios, los recuerdos y lo que os vaya resonando— iréis descubriendo poco a poco cómo sigue viva vuestra misión, cómo florece esa paternidad y maternidad que no se acaba, sino que se transforma y se ensancha.

En la pregunta “¿La muerte tiene la última palabra?”, podéis profundizar más en este tema.

✨En el Evangelio de Lucas, se manifiesta la misión del niño entregado al Señor: “Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel’. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño” (Lc 2, 28-33).

Este bebé va a ser luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel. Y ya lo es. La misión de vuestro/a hijo/a desde el Cielo es algo inagotable, luminoso y glorioso, y es algo que podréis acompañar a lo largo de toda vuestra vida. Qué misión es y cómo acompañarla será algo que tendréis que ir descubriendo, pues vuestra paternidad y maternidad va a tomar una forma distinta y nueva a la que pensabais.

Un padre nos compartía que, cuando María entrega a su Hijo, recibe a toda la humanidad como sus hijos. No deja de ser madre de Cristo, pero también lo es de todos nosotros. Algo similar sucede en los padres que han entregado sus hijos a Dios: su paternidad se ensancha. El amor que se estaba gestando hacia vuestro bebé, no deja de ser para él y, al mismo tiempo, se abre a otros frentes: necesidades en casa, otros niños que os necesitan (sean hijos que ya teníais o no), tener una sensibilidad nueva, tener la mirada más en el Cielo y desear más la santidad, guiar a padres que van a transitar la misma experiencia…

Hay muchos caminos diferentes para vivir vuestra paternidad y maternidad de una manera plena, y en la escucha de la realidad cada día y de la Palabra podréis ir descubriendo, poco a poco, cómo se concreta. A veces queremos tener la respuesta enseguida, pero el Señor os lo irá mostrando poco a poco, según vayáis entendiendo y pudiendo responder a esa misión. Solo tenemos que permanecer como mendigos de su Palabra, dejando que Él vaya haciendo una historia de salvación con vuestra familia y con este acontecimiento del nacimiento de vuestro bebé.